Comunicados

EL GRAN DUQUE VLADIMIR, UN REFUGIADO EN ESPAÑA
Centenario del nacimiento de un símbolo viviente
Por
José Luis Sampedro Escolar
Numerario dela Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía
Desgraciadamente ha cobrado permanente actualidad el fenómeno trágico de la emigración política, que no es nuevo en la  Historia. España entre 1939 y 1975 fue tierra acogedora para las víctimas del comunismo internacional. En nuestra patria establecieron su hogar los miembros de la Familia Real búlgara, la viuda y el hijo del Rey Zog de Albania, el ex Regente Nicolás de Rumanía y, ocasionalmente, el Rey Carol de Rumanía. A este elenco de expatriados de sangre azul se suman varios descendientes de la antigua Familia Real de Georgia, los Bagratión, y el Gran Duque Vladimir Khirilovich, Jede de la Dinastía Romanov entre 1938 y 1992. Queremos evocar la figura de este príncipe porque hubiera cumplido cien años, pues vio la luz primera el 30 de agosto de 1917.
Al percatarse del peligro que entrañaba ser miembro de la Dinastía tras la revolución de 1917, el Gran Duque Khirill Alexandrovich, primo hermano del Zar Nicolás II, se retiró a Finlandia con sus hijas,las princesas María y Kira, y su esposa, la  Gran Duquesa Victoria Fiodorovna, embarazada, en una situación delicada, pues ya contaba con cuarenta años cumplidos, acogidos por el general Etter en su finca Haiko, en la localidad de Porvoo (también llamada Borgo), a cuatro horas de Helsinki, a la que se trasladaron a esperar el alumbramiento. Una vez repuesta del parto la Gran Duquesa, pasaron de nuevo a Haiko, donde pensaban estarían  protegidos de la persecución contra los Románov.
El Gran Ducado de Finlandia, en agosto de 1917 aún era parte del imperio de los zares pues el Gobierno Provisional no se atrevió a proclamar la abolición de la monarquía y la consiguiente república hasta el 14 de septiembre de 1917, tras el fracaso de la intentona del general Kornilov.
El 18 de septiembre de 1917, en el Bautismo, se dio al recién nacido el nombre de su abuelo paterno, Vladinir, que también era el nombre del Gran Duque de Kiev que introdujo el cristianismo en Rusia. El padre quiso respetar en lo posible las tradiciones dinásticas, trasladándose a Haiko el arcipreste Alexadre Dernov, Superior de la Catedral del Palacio de Invierno, en Petrogrado, que llevó consigo el libro de bautismos de la Familia Imperial, en el que quedó inscrito el neonato, a quien apadrinaron su abuela paterna, la Gran Duquesa María Paulovna, y el Gran Duque Borís, hermano de su padre.
Parece importante recordar que Su Alteza Imperial el Príncipe Vladimir Kirilovich vino al mundo en el Imperio de sus antepasados y vigente aún la monarquía de la que estaba llamado a ser titular.
La vida de exiliado con peligros innegables marcó la infancia de Vladimir. La situación aconsejó una mudanza en mayo de 1920. Tras pasar a Zurich, la familia se mudó a Coburgo, donde conservaba propiedades de su abuelo materno, pero con una inflación galopante aparejada a inestabilidad social y una creciente presencia izquierdista en la República de Weimar, ahogada por crisis políticas y económicas, en 1921 Khirill se traslada provisionalmente a Francia, volviendo a Coburgo en 1924, año en el que, abandonadas las esperanzas de supervivencia de Nicolás II, de su hijo Alexis y del Gan Duque Miguel, a quien hubiera correspondido la Corona rusa, se proclama Emperador en el exilio, tras dos años en que usó la denominación de Guardián del trono. Vladimir y sus hermanas pasaron a titularse Grandes Duques de Rusia.
Se instalaron luego en Saint-Briac sur Mer, cerca de Dinard, en una morada de corte burgués a la que se llamó Ker-Argonid, es decir, Victoria, el nombre de la señora de la casa, en la lengua vernácula.
En 1938, al fallecimiento de Khirill, su hijo Vladimir, apenas rebasados los veinte años, se convirtió en Jefe de la Dinastía, difícil puesto en una Europa a punto de incendiarse en la II Guerra Mundial, cuyo comienzo le sorprendió en Saint Birac. En 1942, se negó a firmar un manifiesto pidiendo a los rusos emigrados que apoyaran a los nazis contra la Unión Soviética, siendo internado en un campo de concentración en Compiègne hasta 1944. Al hundimiento del III Reich, Vladimir pudo instalarse en Austria, y, para evitar caer en poder de los soviéticos, trató de salir del país, pero ni Suiza ni Liechtenstein le expidieron visado. Finalmente, una de sus tías, la Infanta Beatriz de Coburgo, domiciliada en España, le consiguió un visado español, por lo que pudo trasladarse junto a ella, a Sanlúcar de Barrameda.
La estabilidad conseguida le permitió dedicarse a la causa de la Monarquía rusa que encarnaba. El 13 de agosto de 1948 contrajo matrimonio con la Princesa Leonida Georgievna BagratiónMijranski, de la antigua Dinastía del reino de Georgia, en la Iglesia griega de Lausana y en 1953 nació su única hija y heredera dinástica,la Gran Duquesa María Vladimirovna. Compartiendo residencia entre Francia y España, su esfuerzo como mantenedor de la llama de la Rusia eterna frente a un mundo hostil merece respeto por las dificultades que entrañaba, por la omnipresencia soviética en expansión hasta los años 70 y por la animadversión de muchos otros sectores, empezando por algunos monárquicos rusos. Superando las dificultades, hizo giras por todo el orbe, visitando a los grupos de emigrados rusos y animándoles a mantener sus valores y su cultura allí donde radicasen. Son de recordar sus actuaciones en aniversarios señalados, com el Milenario del Bautismo de Rusia, celebrado en difernetes puntos en 1988
Tratado como representante de la Dinastía rusa por los Reyes de España, asistió a actos tan importantes como el bautismo del actual Rey, Felipe VI, en 1968, el funeral de Doña Victoria Eugenia en 1969 y la Misa de Espíritu Santo que marcó el inicio del reinado de Don Juan Carlos I, en 1975, o en similares acontecimientos de las Casas soberanas de Prusia, Bulgaria, Italia, Albania, Mónaco,…Ostentó la condición de Bailío Gran Cruz de la Soberana Orden de San Juan de Jerusalén,  las órdenes dinásticas del Águila Negra de Prusia (conferida por el último Kaiser en 1938) e italianas (otorgadas por Umberto II) aunque hemos de desmentir que fuese agraciado con la Orden Victoriana, error en el que cae Wikipedia por confundirlo con su abuelo paterno homónimo, el Gran Duque Vladimier Alexándrovich, que sí había recibido esta distinción británica. Como Jefe de la Dinastía Románov ostentaba la soberanía de las órdenes imperiales rusas existentes a la caída del Imperio, es decir, San Andrés, Santa Catalina,San Jorge, San Alexander Newski, Santa Ana y San Estanislas, a las que se une la de San Nicolás el Taumaturgo, fundada por su padre, y la de San Miguel creada por él mismo al cumplirse el cincuentenario de la Asunción de su cometido como Jefe de la Casa Imperial.
Tuvo la alegría de ser testigo de la caída del régimen soviético, presidiendo, invitado por las autoridades locales, en noviembre de 1991, los actos que solemnizaron la recuperación del nombre de San Petersburgo por la ciudad que se ocultó tristemente durante décadas bajo la denominación de Leningrado, viajando a esa impresionante capital, y así pudo conocer los palacios de sus antepasados y rendirles homenaje en sus sepulturas, pero esta alegría fue efímera, ya que falleció de un ataque cardiaco en Miami el 21 de abril de 1992, en el transcurso de un encuentro con medios empresariales estadounidenses a los que invitaba a invertir en su patria recién liberada del yugo comunista. Sus restos recibiero sepultura en el Panteón de San Pedro y San Pablo, donde años después se le unió su viuda, fallecida en Madid en 2010.

¿EL MANTO DE CARLOS III O UNA RELIQUIA APÓCRIFA?

José Luis Sampedro Escolar

Numerario de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía

 

La noticia, ampliamente difundida, de la presentación en España de un manto de la Orden de San Genaro, del que se dice habría sido usado por nuestro Rey Carlos III, cuando ocupaba el trono napolitano (bajo el dictado de Carlos VII), genera numerosas dudas.

¿Es esta prenda ceremonial la misma que hasta hace pocos años fue propiedad de S.E. el Embajador de la Orden de Malta en la Islas de Seychelles Antonio Benedetto Spada, conocido partidario de la rama menor de los descendientes del monarca homenajeado, en pugna con la encabezada hoy por S.A.R. Don Pedro de Borbón, Jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias y, como tal, titulado Duque de Calabria, Conde de Caserta desde el fallecimiento de su padre, S.A.R. el Infante Don Carlos?

Según escribió en 1993 Don Achille di Lorenzo (Tramonto dell’Ordine Costantiniano), el Embajador Spada recibió este objeto y diferentes insignias como regalo de Ferdinando de Borbone, titulado Duque de Castro. El manto al que nos referimos, el que fuera propiedad de Spada, ya ha sido expuesto previamente en varias ocasiones: en el Musée national de la Légion d’honneur et des ordres de chevalerie (París del 19 de noviembre de 2008 al 15 de marzo de 2009, en la exposición titulada “Honneur & Gloire – Trésors de la Collection Spada”. Posteriormente, el 13 de novimebre 2012, reapareció esta vestidura en una exposición, también celebrada en París, denominada La Maison Royale de Bourbon des Deux Siciles, en la que actuaba de seleccionador y curador de las piezas el antes dicho Antonio Spada.

Según los expertos en falerísitica, el repetido manto presenta diferencias notables con el propio de un Gran Maestre de la Orden de San Genaro, que sería el que habría lucido el Rey Don Carlos en el siglo XVIII.

Queda una duda por despejar: Carlo de Borbone, titulado Duque de Castro, aparece ahora como propietario de esta  pieza, sin que quede claro si la ha adquirido por compraventa o donación del señor Spada, quien la habría recibido de Don Ferdinando, anterior usuario del mencionado ducado de Castro, pero, fuera como fuere, lo cierto es que no se ha aportado ninguna prueba que certifique la vinculación de este manto con el Rey Carlos III de España.

Lo que nos queda claro es que la maniobra parece un montaje para presentar en España al sedicente Duque de Castro como Jefe de la Dinastía de las Dos Sicilias y resulta preocupante que en esa maniobra aparezcan vinculadas instituciones oficiales del reino de España que parecen dejarse manipular para satisfacer intereses particulares de turbios personajes que gracias a estas manifestaciones son condecorados con encomiendas de número de Reales órdenes otrora prestigiosas y, lo que es peor, se les prestan apoyos para aparentar ser Grandes de España sin serlo.

 

 

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